El cumpleaños del abuelo

Cumplía 80 y decía que no hacía falta montar nada. Que con una cerveza y una tortilla ya iba servido. Al final terminamos celebrándolo
por todo lo alto en el hotel donde solíamos veranear cuando éramos críos.
El equipo fue un diez, le reservaron una mesa tranquila, prepraron su plato favorito (sí, callos), y sacaron una tarta con bengalas que hizo
que se le escapara una carcajada. En serio, ni se lo esperaba ni dejó de contarlo en toda la sobremesa.
El ambiente, la comida y los pequeños gestos del personal hicieron que fuera un día redondo. Gracias por hacerlo tan especial (y tan
divertido). Ya estamos preparando los 81.

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